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El lugar, de celebración de una fiesta no es determinante para conseguir un gran éxito. Una celebración, festiva puede ser igualmente divertida en un local público, en una casa particular, en un solar abandonado o en un pabellón de deportes.
Lo que sí resulta verdaderamente importante, es que la capacidad del recinto sea la adecuada al número de asistentes. Una veintena de personas bailando en una plaza de toros difícilmente lograrán divertirse por más esfuerzos que realicen. Sin embargo, la fiesta de clausura de unas Olimpiadas puede celebrarse en un estadio olímpico sin perder su espíritu, habida cuenta que en ella participan decenas de miles de personas.
Para escoger el lugar más apropiado, es preciso calcular primero el número de asistentes a la reunión. Lo importante, es que se encuentren holgados durante la fiesta pero que el espacio no sea tan amplio como para perder la sensación de unidad. Si hay que escoger entre quedarse corto o que sobre terreno, es preferible pecar de lo primero. Uno de los éxitos, de toda celebración social reside en que la gente se sienta miembro de un grupo y tenga la posibilidad de comunicarse con el resto de los invitados. Si el espacio, en que se celebra la reunión es demasiado amplio, la tendencia natural a ocuparlo todo provocará que la gente se disperse por los rincones.
Si se estima, que el sitio escogido excede muchos metros cuadrados de lo estrictamente necesario, hay que intentar acotarlo de la manera más discreta. Dependiendo del lugar de celebración, se presentan diferentes soluciones:
• En una casa particular, clausurando algunas habitaciones periféricas se conseguirá reducir el espacio hábil a sus justos términos.
• Para lugares abiertos (jardines, campos, plazas, etc.), las soluciones que se presentan son múltiples: vallas, barreras naturales (setos, macizos de flores, etc.), maceteros, cintas atadas a los árboles, etc.
• Cuando hablamos de un restaurante que no tiene comedores individuales, poner un biombo separador constituye el recurso más socorrido y habitual.
• En un bar, se puede limitar el acceso a una parte del mismo.
• En lo referente a un hotel, lo mejor es alquilar un salón para usarlo en exclusiva y evitar, de este modo, mezclar a los invitados con el resto de los inquilinos.
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