La Ocasión

Lunes, 18 Agosto   

Cualquier circunstancia es adecuada para la organización de una fiesta, sin embargo, algunas parecen más apropiadas que otras. Una licenciatura, el final de los exámenes o de las vacaciones, o un acontecimiento familiar (boda, bautizo, comunión, etc.) son circunstancias más que propicias para celebrar una fiesta.

Sin embargo, el acontecimiento por excelencia que engendra la mayoría de las fiestas es la celebración de un cumpleaños.

Para organizar una fiesta de cumpleaños, no hace falta hacerla coincidir exactamente con el día del aniversario. Lo que sí resulta conveniente es que ya haya pasado la fecha en el calendario, de modo que la excusa resulte suficientemente verosímil como para poder invitar a amigos y parientes, e incluso, provocar que traigan un regalo.

Los días en que mejor se acoge la convocatoria para un festejo son, por razones obvias, las vísperas de festivo, eminentemente, los sábados. Antes de formalizar la convocatoria, y para asegurar una mínima asistencia, hay que tener en cuenta las costumbres vacacionales de los invitados. Si se establece la fecha de celebración en vísperas de Semana Santa o de otra festividad señalada, lo más probable es que la mayoría de tus amigos se encuentren de viaje o en su segunda residencia. Y, concertarla para mediados de verano, puede acarrear un fracaso (a no ser que se celebre en un destino de veraneo).

No es conveniente montar un sarao el día de la inauguración de las Olimpiadas o el de la final de la copa del mundo de fútbol si muchos de los invitados son aficionados al deporte. Del mismo modo, un espectáculo relevante en la ciudad, puede hacer tambalear el edificio de la celebración: un concierto de Michael Jackson, los tres tenores hacen un solo pase mundial, viene a jugar el Real Madrid, etc. En definitiva, hay que atar todos los cabos para cerciorarse de que puedan acudir la mayoría de los invitados (si luego, no quieren asistir, eso ya es otra cosa).


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